5.1.1.1 Bencilpenicilina y fenoximetilpenicilina

La bencilpenicilina (penicilina G) sigue siendo un antibiótico importante y útil, pero se inactiva por las β-lactamasas bacterianas. Actúa frente a muchas infecciones por estreptococos (incluidos los neumococos), gonococos y meningococos y también frente al carbunco (sección 5.1.12), difteria, gangrena gaseosa, leptospirosis y enfermedad de Lyme (sección 5.1.1.3) en niños. Se han aislado neumococos, meningococos y gonococos, con una menor sensibilidad a la penicilina; la bencilpenicilina ya no constituye el fármaco de primera elección para la meningitis neumocócica. Aunque la bencilpenicilina resulte eficaz frente al tétanos, se prefiere el metronidazol (sección 5.1.11). La bencilpenicilina se inactiva por el ácido gástrico y su absorción intestinal es reducida; por eso, lo mejor es su administración por vía parenteral.

La bencilpenicilina procaína (penicilina procaína) se emplea para tratar la sífilis precoz y la sífilis latente tardía; se administra intramuscularmente en una dosis diaria de 600 mg.

La fenoximetilpenicilina (penicilina V) tiene un espectro antibacteriano parecido al de la bencilpenicilina, pero es menos activo. Es estable frente al ácido gástrico, por lo que se puede administrar por vía oral. No debe administrarse en infecciones graves porque su absorción es imprevisible y las concentraciones plasmáticas varían. Está indicada sobre todo en las infecciones respiratorias en niños, para la amigdalitis estreptocócica y el tratamiento de continuación cuando se ha obtenido una respuesta clínica con benzilpenicilina. No se debe administrar en las infecciones meningocócicas o gonocócicas. La fenoximetilpenicilina se utiliza en la profilaxis de las infecciones estreptocócicas que siguen a la fiebre reumática y para las infecciones neumocócicas que siguen a la esplenectomía o a la anemia falciforme.

INFECCIONES ORALES. La fenoximetilpenicilina resulta eficaz frente a los abscesos dentoalveolares.

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