5.1.12 Quinolonas

El ácido nalidíxico y el norfloxacino son eficaces en las infecciones urinarias no complicadas.

El ciprofloxacino actúa frente a las bacterias grampositivas y gramnegativas y, en particular frente a las gramnegativas, entre otras Salmonella, Shigella, Campylobacter, Neisseria y Pseudomonas. El ciprofloxacino sólo ejerce una actividad moderada contra las bacterias grampositivas del tipo de Streptococcus pneumoniae y Enterococcus faecalis; no debe usarse para la neumonía neumocócica. Actúa frente a las clamidias y algunas micobacterias. Sin embargo, la mayoría de los microorganismos anaerobios no son sensibles. Los usos del ciprofloxacino incluyen las infecciones respiratorias (pero no la neumonía neumocócica) y urinarias, las del tubo digestivo (incluida la fiebre tifoidea) así como la gonorrea y la septicemia causadas por microorganismos sensibles.

El ofloxacino se utiliza para las infecciones urinarias, las infecciones respiratorias bajas, la gonorrea y la uretritis y cervicitis no gonocócicas.

El levofloxacino posee actividad frente a los microorganismos grampositivos y gramnegativos. Presenta un mayor efecto contra los neumococos que el ciprofloxacino. El levofloxacino está autorizado para el tratamiento de la neumonía adquirida en la comunidad, aunque se considera un tratamiento de segunda línea para esta indicación.

Aunque el ciprofloxacino, el levofloxacino y el ofloxacino están autorizados para tratar las infecciones de la piel y de los tejidos blandos, muchos estafilococos ofrecen resistencia a las quinolonas y su uso debe evitarse en las infecciones por SARM.

El moxifloxacino debe administrarse para combatir las exacerbaciones de la bronquitis crónica, sólo si está contraindicado el tratamiento convencional y como tratamiento de segunda línea de la neumonía adquirida en la comunidad. El moxifloxacino posee actividad frente a los microorganismos grampositivos y gramnegativos. Es más activo que el ciprofloxacino contra los microorganismos grampositivos, entre ellos los neumococos. El moxifloxacino no actúa frente a Pseudomonas aeruginosa ni Staphylococcus aureus resistentes a meticilina (SARM).

CARBUNCO. El carbunco por inhalación o gastrointestinal se debe tratar, al principio, con ciprofloxacino o doxiciclina [indicación no autorizada] (sección 5.1.3), combinado con uno o dos antibacterianos más (como amoxicilina, bencilpenicilina, cloranfenicol, claritromicina, clindamicina, imipenem más cilastatina, rifampicina [indicación no autorizada] y vancomicina). Cuando el trastorno mejora y se conoce la sensibilidad de la cepa de Bacillus anthracis, se puede cambiar el tratamiento por un único antibacteriano. El tratamiento debe mantenerse 60 días, porque se puede retardar la germinación.

El carbunco cutáneo precisa tratamiento con ciprofloxacino [indicación no autorizada] o doxiciclina [indicación no autorizada] (sección 5.1.3) durante 7 días. Este tratamiento se puede cambiar por amoxicilina (sección 5.1.1.3) si la cepa infectante es sensible. A veces hay que ampliar el tratamiento hasta 60 días si la exposición es debida a aerosoles. Se recomienda una combinación de antibacterianos durante 14 días para tratar el carbunco cutáneo con manifestaciones sistémicas, edema extenso o lesiones de la cabeza y cuello.

El ciprofloxacino o la doxiciclina se pueden administrar para la profilaxis después de la exposición. Si se confirma la exposición, deberá mantenerse la profilaxis antibacteriana durante 60 días. La profilaxis antibacteriana se puede cambiar por amoxicilina al cabo de 10 a 14 días si la cepa de B. anthracis es sensible. La vacunación contra el carbunco (sección 14.4) permite acortar el período de profilaxis antibacteriana.

PRECAUCIONES. Las quinolonas deben administrarse con cautela a los pacientes con antecedentes de epilepsia o con trastornos que predisponen a las crisis convulsivas, con deficiencia de G6PD (sección 9.1.5), miastenia grave (riesgo de exacerbación) o insuficiencia renal (apéndice 3); durante el embarazo (apéndice 4) o la lactancia (apéndice 5) y en niños o adolescentes (se ha descrito una artropatía en las articulaciones con carga de los animales jóvenes; v. más adelante). Hay que evitar la exposición a la luz solar excesiva (suspender si ocurre fotosensibilidad). El CSM del Reino Unido ha alertado sobre la posible inducción, con las quinolonas, de convulsiones entre pacientes con antecedentes de convulsiones o sin ellas; la toma de AINE puede inducirlas también en cualquier momento. Otras interacciones: apéndice 1 (Quinolonas).

USO PEDIÁTRICO. Las quinolonas producen artropatía de las articulaciones en animales en crecimiento y, por eso, no suelen recomendarse para los niños y adolescentes en fase de crecimiento. Sin embargo, se ignora la repercusión de este efecto en humanos y, en determinadas condiciones, la administración a corto plazo de quinolonas puede estar justificada en niños. El ácido nalidíxico se utiliza para tratar las infecciones urinarias en los niños mayores de 3 meses. El ciprofloxacino está autorizado para el tratamiento de las infecciones por Pseudomonas en la fibrosis quística (de los niños mayores de 5 años) y para el tratamiento y profilaxis del carbunco por inhalación.

Advertencia del CSM del Reino Unido (lesión tendinosa). La lesión tendinosa (incluida la rotura) se ha notificado raramente entre pacientes tratados con quinolonas. La rotura tendinosa puede suceder a las 48 h de iniciar el tratamiento. El CSM del Reino Unido recuerda que:

• Las quinolonas están contraindicadas para los pacientes con antecedentes de lesiones tendinosas relacionadas con el uso de quinolonas.

• Los pacientes ancianos son más propensos a las tendinitis.

• El riesgo de rotura tendinosa aumenta con el uso concomitante de corticosteroides.

• Si se sospecha una tendinitis, hay que suspender de inmediato la quinolona.

EFECTOS ADVERSOS. Los efectos adversos de las quinolonas comprenden náuseas, vómitos, dispepsia, dolor abdominal, diarrea (raramente, colitis asociada a los antibióticos), cefalea, mareos, trastornos del sueño, erupción (raramente, síndrome de Stevens-Johnson y necrólisis epidérmica tóxica) y prurito. Otros efectos adversos menos frecuentes son anorexia, aumento de la urea y creatinina en sangre; mareos, agitación, astenia, depresión, confusión, alucinaciones, convulsiones, temblor, parestesia e hipoestesia; fotosensibilidad, reacciones de hipersensibilidad como fiebre, urticaria, angioedema, artralgias, mialgias y anafilaxia; trastornos hemáticos (como eosinofilia, leucopenia, trombopenia); alteraciones de la visión, del gusto, de la audición y del olfato. Asimismo, se han notificado casos aislados de inflamación y lesiones tendinosas (sobre todo, entre ancianos o sujetos tratados con corticosteroides; v. también advertencia anterior del CSM del Reino Unido). Otros efectos adversos comunicados incluyen la anemia hemolítica, la insuficiencia renal, la nefritis intersticial y la disfunción hepática (incluyendo, hepatitis e ictericia colestásica). Hay que suspender el fármaco si ocurren reacciones psiquiátricas, neurológicas o de hipersensibilidad (entre ellas, la erupción grave).

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