Extravasación

Se respetarán las directrices locales para el tratamiento de la extravasación cuando existan o se solicitará consejo de un especialista.

Las lesiones por extravasación se producen por la salida de fármacos o líquidos intravenosos de las venas o su administración inadvertida en el tejido subcutáneo o subdérmico. Deben tratarse inmediatamente para evitar la necrosis tisular.

Las preparaciones ácidas o alcalinas y aquellas con una osmolaridad mayor que la del plasma pueden dañar los tejidos si se extravasan; también se ha implicado a excipientes como el alcohol y el polietilenglicol. Los citotóxicos suelen causar daño por extravasación. Además, algunos pacientes, como los más pequeños y los ancianos, corren más riesgo. Las personas tratadas con anticoagulantes tienden a perder más sangre por los tejidos circundantes en caso de extravasación, mientras que los que reciben sedantes o analgésicos no siempre perciben los signos o síntomas iniciales de ésta.

PREVENCIÓN DE LA EXTRAVASACIÓN. Hay que adoptar medidas para evitar la extravasación; lo ideal es administrar los fármacos que más extravasación producen por una vía central, y cambiar periódicamente la cánula si se repite la administración de fármacos de riesgo por una vía periférica. Se prestará atención a las recomendaciones de los laboratorios. La colocación de un parche de nitroglicerina (sección 2.6.1), distal a la cánula, puede mejorar la permeabilidad vascular de los pacientes con venas pequeñas o de aquellos cuyas venas muestran propensión a colapsarse.

Se pedirá a los pacientes que notifiquen de inmediato cualquier dolor o ardor en el lugar de inyección.

TRATAMIENTO DE LA EXTRAVASACIÓN. Si se sospecha una extravasación, se suspenderá de inmediato la perfusión, pero no se extraerá la cánula hasta que se haya intentado aspirar la zona (con la cánula) para eliminar la mayor parte posible del fármaco. La aspiración se facilita, en ocasiones, si la extravasación se manifiesta por una vesícula o ampolla elevada en el lugar de inyección, rodeada de tejido endurecido, pero en muchos casos resulta inútil si se trata de tejido blando o esponjoso. En general, se aplican corticosteroides para combatir la inflamación, aunque hay muy pocos datos que respalden su utilidad en la extravasación. Se puede administrar hidrocortisona o dexametasona (sección 6.3.1), por vía tópica, en inyección subcutánea o intravenosa en una zona alejada de la lesión. Para aliviar los síntomas se precisan, a veces, antihistamínicos (sección 3.4.1) y analgésicos (sección 4.7).

El tratamiento de la extravasación, aparte de las medidas citadas, no se halla estandarizado y requiere el asesoramiento de un especialista. El tratamiento depende de la naturaleza de la sustancia nociva; una posibilidad consiste en localizar y neutralizar la sustancia, y otra, dispersarla y diluirla. El primer método puede resultar útil después de la extravasación de fármacos vesicantes, y consiste en administrar un antídoto (si existe) y aplicar compresas frías, 3-4 veces al día (consultar literatura médica especializada para más detalles de los antídotos concretos). La propagación y dilución de la sustancia nociva se basa en infiltrar la zona con una solución salina fisiológica y aplicar compresas calientes, elevar el miembro afectado y administrar hialuronidasa (sección 10.3.1). La técnica del lavado salino (consistente en lavar el tejido subcutáneo con suero salino fisiológico) puede ser efectiva, pero requiere el asesoramiento de un especialista. La hialuronidasa no se administrará después de la extravasación de fármacos vesicantes (salvo que esté indicado específicamente o se utilice con la técnica del lavado salino).

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