1.1.1 Antiácidos y simeticona

Los antiácidos (compuestos que por lo general contienen aluminio o magnesio) suelen aliviar los síntomas de la dispepsia ulcerosa y del reflujo gastroesofágico no erosivo ; también se usan en ocasiones para la dispepsia funcional (no ulcerosa), pero sus efectos beneficiosos no están totalmente demostrados. Los antiácidos se administran 4 o más veces al día, es decir, cuando aparecen o se prevé que aparezcan los síntomas, generalmente entre las comidas y a la hora de acostarse; en ocasiones, se precisan administraciones más frecuentes, hasta una cada hora. Los antiácidos en forma líquida a base de magnesio y aluminio estimulan, en las dosis habituales (10 ml 3 o 4 veces al día), la curación de las úlceras, pero su eficacia es menor que la de los antisecretores (sección 1.3); no hay pruebas de que exista correlación entre curación y capacidad neutralizante. Las formas líquidas son más eficaces que las sólidas.

Los antiácidos que contienen aluminio o magnesio (p. ej., hidróxido de aluminio, y carbonato, hidróxido o trisilicato de magnesio), al ser relativamente insolubles en agua, ejercen una acción prolongada si se retienen en el estómago. Resultan adecuados para la mayoría de las indicaciones de los antiácidos. Los antiácidos que contienen magnesio tienden a producir efectos laxantes, mientras que los de aluminio pueden causar estreñimiento; con los antiácidos a base de magnesio y aluminio se reducen estos efectos adversos sobre el colon. La acumulación de aluminio no constituye ningún riesgo si la función renal es normal (v. también apéndice 3: v. fármacos pertinentes).

La capacidad neutralizadora de las especialidades que contienen más de un antiácido no parece necesariamente mayor que la de especialidades simples. Complejos como la hidrotalcita tampoco ofrecen ventajas especiales.

El bicarbonato sódico no debe administrarse como único fármaco para aliviar las dispepsias, aunque se encuentra como ingrediente en gran número de remedios para tratar la indigestión. No obstante sirve para tratar la disfunción del tracto urinario (sección 7.4.3) y la acidosis (sección 9.2.1.3 y sección 9.2.2). Debe evitarse en pacientes que siguen una dieta con restricciones de sal.

No se recomiendan los antiácidos con bismuto (excepto los quelantes) porque el bismuto absorbido resulta neurotóxico y causa encefalopatía; tienden a provocar estreñimiento. Los antiácidos que contienen calcio (sección 1.1.2) inducen una secreción ácida de rebote: su repercusión clínica con las dosis moderadas parece dudosa, pero las dosis altas también causan, a largo plazo, hipercalcemia y alcalosis y pueden precipitar el síndrome de leche y alcalinos.

La simeticona (dimeticona activada) se añade a los antiácidos como antiespumante para reducir la flatulencia. Estas especialidades pueden ser útiles para aliviar el hipo en la medicina paliativa. Los alginatos, añadidos como protectores, pueden ser de utilidad en el tratamiento de la enfermedad por reflujo gastroesofágico. La cantidad de antiácido, la de excipientes así como el contenido en sodio varía mucho de una especialidad a otra, por lo que no son fácilmente intercambiables.

Véase también sección 1.3 sobre fármacos usados en el tratamiento de la úlcera péptica.

INTERACCIONES. No se recomienda tomar los antiácidos al mismo tiempo que otros fármacos, ya que pueden alterar su absorción. Los antiácidos pueden dañar los recubrimientos entéricos empleados para evitar la disolución en el estómago. Véase asimismo apéndice 1 (Antiácidos; Calcio, sales de).

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