1.6 Laxantes

Antes de prescribir laxantes es necesario asegurarse de que el paciente esté estreñido y de que el estreñimiento no sea secundario a una afección subyacente no diagnosticada.

Conviene asimismo que los pacientes, que se quejan de estreñimiento, comprendan que la frecuencia del hábito intestinal puede variar considerablemente, sin que esto resulte perjudicial. Algunas personas consideran que sufren de estreñimiento si no hacen una deposición diaria. Una definición útil de estreñimiento es la eliminación de heces sólidas con una frecuencia menor que la habitual para el paciente, circunstancia que conviene explicarle.

Los conceptos erróneos acerca de los hábitos deposicionales han provocado un uso abusivo de laxantes, que puede ser causa de hipopotasemia y colon atónico no funcionante.

Por ello, conviene evitar los laxantes, excepto cuando el esfuerzo defecatorio pueda empeorar una afección (como la angina de pecho) o aumentar el riesgo de hemorragia rectal, como en el caso de las hemorroides. Los laxantes también son útiles para el estreñimiento provocado por fármacos, para la expulsión de parásitos después del tratamiento antihelmíntico, y para limpiar el tubo digestivo antes de intervenciones quirúrgicas y radiológicas. En ocasiones, se precisa un tratamiento prolongado del estreñimiento.

NIÑOS. Salvo si lo describe un facultativo con experiencia en el tratamiento de estreñimiento en niños, no se recomienda el uso de laxantes. Los intervalos de más de 3 días entre las deposiciones aumentan la probabilidad de dolor al paso de heces sólidas y pueden provocar fisura anal, espasmo anal y finalmente, provocar una respuesta de evitación aprendida.

Si no basta con una mayor ingesta de líquido y fibra, se administrará un laxante osmótico, que contenga polietilenglicoles o lactulosa (sección 1.6.4). Si existen pruebas de retención fecal mínima, la adición de un laxante estimulante (sección 1.6.2) puede solucionar el problema pero también ocasionar cólico o aumentar el derramamiento fecal en presencia de fecaloma rectal. Se puede administrar a los niños con fecaloma una preparación oral que contenga polietilenglicoles para expulsar la masa fecal, que además formará y mantendrá las heces blandas y bien formadas. La administración rectal de laxantes puede ser eficaz pero suele ser molesta para el niño y puede hacer que persista la retención. Si no se produce la expulsión espontánea de la masa fecal, será necesario enviar al niño a un hospital. Los enemas se pueden administrar en el hospital con sedación profunda o alternativamente se puede aplicar una solución para la limpieza intestinal (sección 1.6.5). En casos graves o cuando el niño experimente temor, se podrá proceder a la evacuación manual bajo anestesia.

Para mantener las heces bien formadas y evitar la recurrencia de fecaloma, en ocasiones es preciso un uso regular y prolongado de laxantes; el empleo intermitente puede provocar recidivas. En niños con estreñimiento crónico, puede ser necesario sobrepasar las dosis autorizadas de algunos laxantes.

EMBARAZO. Si los cambios en la dieta y en los hábitos de vida resultan ineficaces en el control del estreñimiento durante el embarazo, pueden utilizarse dosis moderadas de laxantes de poca absorción, aunque en un principio debe recurrirse a un laxante formador de masa. Por otra parte también puede utilizarse un laxante osmótico, como la lactulosa. Por último, en caso de necesitar un efecto estimulante, puede resultar conveniente administrar bisacodilo o sen.

Los laxantes que se indican a continuación se han dividido en 5 grandes grupos (secciones 1.6.1-1.6.5). Esta clasificación simple no refleja la acción compleja de algunos laxantes.

Subsecciones

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