4.7 Analgésicos

Los fármacos no opioideos (sección 4.7.1), paracetamol y ácido acetilsalicílico (y otros AINE), están especialmente indicados frente al dolor de los trastornos del aparato locomotor, mientras que los opioides (sección 4.7.2) se adaptan mejor para combatir el dolor moderado o intenso, sobre todo de origen visceral.

DOLOR EN MEDICINA PALIATIVA. Sobre las recomendaciones para aliviar el dolor en medicina paliativa véase Prescripción en cuidados paliativos, Dolor.
DOLOR EN LA ANEMIA FALCIFORME. El dolor de las crisis falciformes leves se controla con paracetamol, AINE, codeína o dihidrocodeína. Las crisis graves requieren el uso de morfina o diamorfina; el uso concomitante de un AINE puede potenciar la analgesia y permite utilizar dosis más bajas del opioide. Hay que evitar la petidina, si es posible, porque la acumulación de un metabolito neurotóxico podría precipitar las crisis convulsivas; la semivida es relativamente corta y la petidina obliga a inyecciones frecuentes.
DOLOR DENTAL Y OROFACIAL. Los analgésicos deben administrarse con cautela en estomatología y como una medida temporal hasta descubrir la causa del dolor.

El dolor dental de origen inflamatorio, como el asociado a pulpitis, infección apical, osteítis localizada (alveolitis seca) o pericoronitis suele controlarse mejor tratando la infección, proporcionando un drenaje, procedimientos reparadores y otras medidas locales. Los analgésicos alivian temporalmente el dolor (habitualmente durante 1 a 7 días) hasta que se logra el control de los factores causales. Ante una pulpitis, infección o absceso intraóseos, generalmente resulta inadecuado usar únicamente analgésicos.

De forma análoga, el dolor y las molestias asociadas con los problemas agudos de la mucosa bucal (p. ej., gingivostomatitis herpética aguda, eritema multiforme) se pueden aliviar con colutorios o aerosol de benzidamina hasta que se descubra la causa de la lesión mucosa. No obstante, si el paciente se encuentra febril, la actividad antipirética del paracetamol o del ibuprofeno suele ayudar.

La elección del analgésico para procedimientos dentales debe basarse en su idoneidad para el paciente. Casi todo el dolor dental se alivia eficazmente con los antiinflamatorios no esteroideos (AINE). Los AINE empleados frente al dolor dental comprenden el ibuprofeno, el ácido acetilsalicílico y el diflunisal; para más detalles véase sección 4.7.1 y sección 10.1.1. El paracetamol ejerce efectos analgésicos y antipiréticos pero no antiinflamatorios.

Los analgésicos opioideos (sección 4.7.2), como la dihidrocodeína y la petidina, actúan sobre el sistema nervioso central y se utilizan tradicionalmente en el dolor moderado o intenso. No obstante, los analgésicos opioideos son relativamente ineficaces frente al dolor dental y sus efectos adversos resultan a veces desagradables. El paracetamol, el ibuprofeno, el ácido acetilsalicílico o el diflunisal parecen adecuados contra casi todos los dolores dentales; rara vez se precisa un opioide.

La combinación de un analgésico no opioideo más otro opioide puede proporcionar mayor alivio del dolor que la aplicación aislada de un preparado no opioideo. No obstante, esta afirmación sólo rige cuando se utiliza una asociación terapéutica en dosis adecuadas. No se ha demostrado que la mayoría de las preparaciones analgésicas combinadas induzcan más alivio del dolor que una dosis adecuada del componente no opioideo administrada por separado. Más aún, las especialidades compuestas tienen el inconveniente de aumentar el número de efectos adversos.

Todo analgésico que se aplique antes de un procedimiento dental debe mostrar un riesgo bajo de hemorragia postoperatoria. En el caso del dolor que sigue al procedimiento dental, la ingestión del analgésico antes de que haya desaparecido el efecto del anestésico local mejora el control. La analgesia postoperatoria con ibuprofeno o ácido acetilsalicílico suele continuarse durante unas 24 a 72 h.

El síndrome de la disfunción temporomandibular dolorosa puede relacionarse con la ansiedad de algunos pacientes que pueden llegar a rechinar o triturar los dientes (bruxismo) durante el día o durante la noche. El espasmo muscular (al parecer, la fuente principal del dolor) se puede tratar de manera empírica con un aparato intraoral que proporciona una oclusión con deslizamiento libre y puede impedir el bruxismo. Además, el diazepam (sección 4.1.2), que ejerce propiedades miorrelajantes y ansiolíticas, puede ayudar, pero sólo debe prescribirse durante un período corto (fase aguda). A veces, también se necesitan analgésicos, como el ácido acetilsalicílico (sección 4.7.1) o el ibuprofeno (sección 10.1.1).

Sobre el tratamiento del dolor neuropático del dolor facial idiopático persistente y la neuralgia del trigémino, véase sección 4.7.3.

DISMENORREA. El uso de un anticonceptivo oral evita el dolor de la dismenorrea que suele asociarse con los ciclos ovulatorios. Si se precisa tratamiento, el paracetamol o un AINE (sección 10.1.1) suelen brindar un alivio suficiente. Los vómitos y el dolor intenso asociados con la dismenorrea de las mujeres con endometriosis exigen, en ocasiones, un antiemético, además del analgésico). Los espasmolíticos (como el citrato de alverina, sección 1.2) se han propuesto para la dismenorrea, pero su acción espasmolítica no suele ofrecer un alivio importante.

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