15.1 Anestesia general

NOTA. Los fármacos de la sección 15.1 deben ser empleados sólo por personal experimentado que disponga de un equipo adecuado de reanimación.

Es una práctica habitual administrar varios fármacos con efectos diferentes durante la cirugía. Normalmente para la inducción se utiliza un anestésico por vía intravenosa seguido, en la fase de mantenimiento, de un anestésico inhalado, a menudo suplementado por otros fármacos administrados por vía intravenosa. Se pueden emplear fármacos específicos para producir relajación muscular; estos fármacos interfieren con la respiración espontánea y, normalmente es necesaria ventilación con presión positiva intermitente.

CIRUGÍA Y MEDICACIÓN A LARGO PLAZO. El riesgo de perder el control sobre una enfermedad al suspender una medicación de uso prolongado antes de la cirugía suele ser mayor que el de su continuación. El anestesista debe conocer todos los fármacos que esté (o haya estado) tomando el paciente.

Los pacientes con atrofia suprarrenal secundaria al tratamiento prolongado con corticosteroides (sección 6.3.2) pueden presentar una caída brusca de la presión arterial, salvo que se ofrezca cobertura corticosteroides durante la anestesia y en el período postoperatorio inmediato. Por eso, los anestesistas han de saber si un paciente está o ha estado recibiendo corticosteroides (incluso corticosteroides inhalados a dosis altas).

Otros fármacos que, en condiciones normales, no deberían suspenderse antes de la cirugía son los antiepilépticos, los antiparkinsonianos, los antipsicóticos, los ansiolíticos, los broncodilatadores, los fármacos cardiovasculares, los fármacos antiglaucomatosos, los inmunodepresores, los fármacos adictivos y los fármacos tiroideos o antitiroideos. Se solicitará consejo a un experto si el paciente está tomando antirretrovíricos por una infección por el VIH. Véase la sección 6.1.1 sobre advertencias generales para la cirugía en los pacientes diabéticos.

Los pacientes que toman ácido acetilsalicílico o un anticoagulante oral corren más riesgo durante la cirugía. En estas circunstancias, el anestesista y el cirujano deben evaluar los riesgos relativos y decidir conjuntamente la suspensión del ácido acetilsalicílico o del anticoagulante o su sustitución por heparina.

Entre los fármacos que deben retirarse antes de la cirugía se encuentran los anticonceptivos orales en combinación (v. Cirugía, sección 7.3.1 para más detalles); véase la sección 6.4.1.1 sobre asesoramiento acerca del tratamiento hormonal restitutivo. Si hay que suspender el tratamiento con antidepresivos, se retirarán de forma gradual para evitar los síntomas de abstinencia. Debido a sus peligrosas interacciones, los IMAO suelen suspenderse 2 sem antes de la cirugía. No es necesario interrumpir el tratamiento con antidepresivos tricíclicos, pero el riesgo de arritmias e hipotensión aumenta (así como las interacciones peligrosas con fármacos vasopresores); por ello, hay que informar al anestesista en caso de no retirarlos. Se interrumpirá el tratamiento con litio 24 h antes de la cirugía mayor, pero la dosis habitual se mantendrá durante la cirugía menor (vigilando cuidadosamente los líquidos y los electrolitos). A veces hay que interrumpir los diuréticos ahorradores de potasio en la mañana en que se realizará la cirugía porque, en caso de alteración de la perfusión renal o lesión tisular, podría aparecer hiperpotasemia.

ANESTESIA Y CONDUCCIÓN. Deberá advertirse adecuadamente a los pacientes que reciben sedantes y analgésicos durante la cirugía menor ambulatoria del riesgo que entraña la conducción posterior de vehículos. En el caso de las benzodiazepinas de uso intravenoso o de la administración breve de un anestésico general, el riesgo se prolonga hasta por lo menos 24 h después de su administración. Debe haber personas responsables de acompañar al paciente a su domicilio. Asimismo, se subrayarán los peligros derivados de la ingesta de alcohol.
PROFILAXIS DE LA ASPIRACIÓN DE ÁCIDO. La regurgitación y aspiración del contenido gástrico (síndrome de Mendelson) es una complicación importante de la anestesia general, sobre todo en obstetricia y en cirugía de urgencias.

Antes de la cirugía se puede emplear un antagonista de los receptores H2 de la histamina (sección 1.3.1) o un inhibidor de la bomba de protones como el omeprazol (sección 1.3.5) para incrementar el pH y reducir el volumen del jugo gástrico. Estos compuestos no modifican el pH del jugo presente ya en el estómago, lo que limita su utilidad en la cirugía de urgencia; se pueden administrar antagonistas de los receptores H2 por vía oral de 1 a 2 h antes de la intervención, pero el omeprazol se administrará por lo menos 12 h antes. A menudo, se emplean antiácidos para neutralizar la acidez del jugo presente en el estómago; se prefieren los antiácidos «transparentes» (sin partículas) como el citrato de sodio. El citrato de sodio en dosis de 300 mmol/l (88,2 mg/ml) en solución oral está autorizado para utilizarlo antes de la anestesia para practicar una cesárea.

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